miércoles, 11 de febrero de 2015

Artículo 2. Nunca hay rutina para el certificador energético

Artículo publicado en el blog de Certicalia el 18 de Enero de 2015

Me metí en la certificación energética hace ahora dos años, movido por la necesidad de reciclaje profesional. Como muchos otros compañeros arquitectos, buscaba una huida hacia adelante que me permitiese seguir viviendo de mi profesión, después de haber estado trabajando durante muchos años como urbanista, proyectista y proyect manager en varios despachos barceloneses, algunos de los cuales fueron víctimas de la crisis del sector de la construcción. Y lo que empezó siendo una escotilla de salida de un mundo habitual que me negaba inconscientemente a abandonar, ha acabado siendo una completa bendición.

Las visitas de toma de datos de certificaciones energéticas son excitantes. Nunca sabes exactamente lo que te vas a encontrar, ni a quiénes te vas a encontrar, por mucho que investigues datos sobre la vivienda vía internet, catastro o Google Earth. He realizado muchísimas visitas de este tipo, y podría escribir un libro solamente narrando anécdotas acontecidas en cada una de ellas. Desde una exprestidigitadora que me enseñó geniales fotografías de sus representaciones, pasando por tres grandes perros que querían jugar contigo mientras fotografiaba la fachada de la casa de sus amos, o unos niños que hacían los deberes mientras yo pululaba medidor láser en mano alrededor de ellos intentando no molestarlos, o alguna práctica de contorsionismo para llegar a esa placa de especificaciones técnicas escondida en un calentador, u otra labor de escalada para inspeccionar un tejado con más detalle; visitas mañaneras en medio de la niebla leridana que haría las delicias de los forofos de "Crepúsculo", inspecciones en la más absoluta soledad porque el propietario o la inmobiliaria me confiaron las llaves, hasta charlas técnicas en inglés con propietarios extranjeros y la consiguiente mejora lingüística…

También quiero destacar que cada desplazamiento para tomar datos de un inmueble es una oportunidad para conectar con uno mismo y apartarse un poco del mundanal caos. Tanto si es en metro, bus o coche particular, ese rato de media hora de duración es nuestro, y nadie nos lo puede quitar, ni siquiera los atascos automovilísticos: contra ellos, música en la radio y una buena dosis de paciencia. Por supuesto, utilizando el autobús o el metro, podemos aprovechar para leer, ordenar la agenda o mirar las caras de la gente, generalmente avinagradas por la rutina. Rutina que nosotros, certificadores energéticos, afortunadamente no conocemos. Porque cada visita y cada certificación es diferente.

Y no hay que decir que, ya de vuelta en el estudio y con todos los datos sobre la mesa, el autodesafío técnico a la hora redactar los certificados es una obligación: conseguir la mejor calificación posible para el cliente debe ser nuestro objetivo final. Objetivo final que debe ir apoyado por lo más importante: trabajar la empatía con los clientes nos hace ser mejores vendedores, tanto de nuestra imagen, como de nuestra profesión.

Antes era un arquitecto de oficina. Ahora me considero un arquitecto de la calle, en contacto con la gente, gente que no está para que les expliques el último grito en detalles constructivos ni cuáles han sido tus logros profesionales o académicos, sino para que les soluciones una necesidad.

Artículo 1. ¡Ya tengo comprador de mi piso! ¡Ahora sí encargaré la certificación energética!

¿Cuántas veces nos hemos encontrado los profesionales con este caso? Honestamente, en la gran mayoría de ocasiones. El cliente retrasa hasta el mismo momento de la venta o alquiler inminente el trámite de la certificación energética, porque está mentalizado de que es un simple invento del gobierno con afán recaudatorio.

Es indudable que la labor comunicativa de las autoridades centrales ha hecho muy poco para situar a la certificación energética en el verdadero y digno lugar que le corresponde. Pero no es menos cierto que el propietario que deja para el final este requisito está incumpliendo la Ley. Es en el momento de poner a la venta o alquiler el inmueble cuando la certificación energética debe estar tramitada y con su etiqueta energética bien colocada en todos los anuncios virtuales o físicos. Evidentemente las inspecciones - las escasas que se producen en la actualidad - pasan completamente por alto esta condición, espero que en pro de concentrar esfuerzos de desenmascarar a los certificadores piratas, pero el dejar el trámite para el final, aparte de no ser legal, va en detrimento del propio proceso de la venta del inmueble. Me explico:

1) Una certificación energética debe estar bien hecha.

2) Bien hecha quiere decir que debe haber sido redactada en un mínimo de cinco  horas de trabajo, Teniendo en cuenta la previsión de tiempos traducible al cliente, un día laborable. No cuento la visita de toma de datos, que entre deplazamientos y visita propiamente dicha, se lleva entre dos o tres horas.

3) Lista la certificación, se tiene que tramitar y esto, dependiendo de la Comunidad Autónoma, puede durar lo que suena un click de ratón o varios días. Pongamos el ejemplo de Cataluña: el Instituto Catalán de la Energía se compromete a despachar las correctas en 48 horas. Lo normal es que sean tres días de media, según mi experiencia. 

4) Lo que suma en total unos cuatro o cinco días laborales de media por certificación energética.

Por lo tanto, el propietario debe tener en cuenta que ya es lo suficientemente complejo el proceso de venta de un piso para encima estar pendiente de documentos extra que perfectamente pudieron haber sido solventados con antelación.

Cuando un inmueble está en el mercado, es en la propia venta en donde se deben poner los cinco sentidos y si queremos que un piso le entre por los ojos a un posible cliente, como propietarios, debemos ser capaces de convencerle de que se halla ante la vivienda de su vida. Y eso incluye poder ofrecerle una Certificación Energética impecable con la calificación máxima que pueda obtener dentro de la legalidad. No dejen que les atrape el toro. Si tienen la intención segura de vender o alquilar, contraten el servicio de Certificación Energética desde el principio del proceso. Cierto es que a todo el mundo le gusta prolongar el momento de pagar lo máximo posible, pero créanme, las prisas suelen ser malas consejeras y no es justo meternos prisa a nosotros los profesionales por asuntos que escapan a nuestras competencias, como la duración de los procesos administrativos y de los envíos por Correos. Sabemos que los notarios o administradores de fincas están detrás pidiendo incesantemente los documentos para cerrar las ventas o alquileres del inmueble, pero ustedes los clientes pueden evitarlo con la suficiente previsión de tiempo:

Certificación energética: UNA SEMANA 
redacción: 2 días / trámite: 2-3 días / entrega: 2 días
Cédula habitabilidad: UN MES
redacción: 1 día / trámite: tres semanas / entrega: una semana